

El árbol de nunca acabar y otras ramas
Exposición realizada en colaboración con la Asociación Manuel Álvarez Bravo A.C. que denota la encomendable labor de catalogación, conservación y difusión del trabajo de uno de los mayores representantes de la fotografía analógica del siglo XX. Gracias a la catalogación que realiza la asociación desde 2005, la obra conocida de Manuel Álvarez Bravo, se enriquece con el descubrimiento de sus imágenes inéditas.
Las imágenes de la muestra Del árbol de nunca acabar y otras ramas fueron realizadas por Manuel Álvarez Bravo entre mediados de los años sesenta y fines de los noventa del siglo pasado. La mayoría de las imágenes que componen la muestra no fueron divulgadas por el fotógrafo mientras tuvo vida. No pueden, por lo tanto, considerarse como parte de su obra autorizada, aunque sí como documentos que ayudarán a comprender los tanteos, ensayos y hallazgos que dirigieron el sentido de su mirada.
Del árbol de nunca acabar y otras ramas sigue el camino abierto por Variaciones y Espíritus arbóreos, exposiciones que en los años noventa del siglo pasado dieron cuenta del estrecho vínculo que Álvarez Bravo, al final de sus días, mantuvo con los árboles que habían crecido en el jardín de su casa o reencontraba en sus paseos por Coyoacán.
Juan Rulfo en Oaxaca.
Exposición realizada en colaboración con la Fundación Juan Rulfo A.C. El estado de Oaxaca atraía mucho a Juan Rulfo. Lo visitó por vez primera hacia la década de 1940, para recorrerlo más extensamente a mediados de los años cincuenta. Hizo notas sobre algunas regiones y culturas del estado, así como unas 350 fotografías, con énfasis en temas como su población nativa, arquitectura y paisaje. De estas imágenes realizó una primera selección Andrew Dempsey, en Londres y Francisco Toledo llevó a cabo la curaduría final en Oaxaca, reduciendo su número a las 50 que aparecen en esta exposición e igualmente en el libro-catálogo de la misma, que lleva el título de 'Juan Rulfo: Oaxaca', de Editorial RM.
Juan Rulfo tenía una simpatía especial por Oaxaca. Su familia recuerda la intención del autor de Luvina (nombre de un poblado oaxaqueño del municipio de Abejones, en la Sierra Juárez) de retirarse a vivir en la ciudad de Oaxaca. Quizá visitó por primera vez el estado en la década de 1940, pero sin duda se involucra más en el mismo a mediados de los cincuenta, inmediatamente después de escribir Pedro Páramo: en esos años forma parte del equipo de la Comisión del Papaloapan.



